
Hay veces en que no tengo claro a dónde dirigo mi vida…o si la quiero dirigir a alguna parte. Hay veces en que sabes que navegas a la deriva y que cuando miras al horizonte no ves tus sueños.
Quiero encontrarlos pero me enfrento a un muro que, en cierto modo, me he impuesto a mí misma. Tengo la sensación de haber abandonado lo que durante años ha sido fiel compañía a mi soledad: mi escritura. Y que las ganas de crear y de, a pasos de hormiga, luchar por intentar que mis obras de teatro salgan más allá de las paredes de mi habitación, están apagadas ante una vida que, a veces también, me abruma.
Sigo quemando etapas y sigo avanzando, pero no he llegado a donde debo, lo sé. No he llegado a donde, quizá, quisiera estar.
Y no sé a qué horizonte mirar.
Que me doy cuenta que hay gente cercana a la que no le puedo contar lo que estoy viviendo ahora. Que hay gente, menos cercana de lo que se podría pensar, (pero cercana, en verdad) a la que le explico lo que no puedo hablar frente a mis amigas. Que, quizás, no sólo me guste un chico, que también me siento menos sola cuando hablo con él con franqueza de mis sentimientos.
Quiero una vida tranquila, con horas para el reposo y la reflexión, para que mi mente se libere y fluya y aparezcan las ganas que le faltan para escribir. Y, quizás también, para reir más.
Quiero palabras, charlas interminables con alguien que no me cuestione.
Quiero sonrisas y silencios acompañados.
Quiero ser dueña de mis pensamientos, mis sentimientos y mi vida.
Quiero…
