April 26, 2006
No es difícil imaginarse la historia: Las guerras se acaban alguna vez. La guerra se acabó alguna vez en un país, para los habitantes de un pequeño pueblo o del barrio de una ciudad, para una familia, para un niño de apenas 10 años… La guerra se acabó y la reconstrucción empieza. Vuelven a abrirse las tiendas, el colegio empieza de nuevo, las calles se arreglan y parece que, de nuevo, la vida resurge a pesar de los resentimientos, del dolor. La humanidad siempre es sobreviviente y sabe regenerarse y empezar de nuevo y seguir adelante… Un día, ese niño de 10 años, camina y juega con sus amigos por una zona más apartada, algo desolada, una zona de campo y bosques, quizá… lo que fue un antiguo campo de batalla… Pero sigue siendo un campo de batalla… Ese niño juega y camina. Su pie se levanta para dar el siguiente paso. Se levanta y toca tierra. La explosión, el salto hacia atrás, la polvareda y el humo que se levantan, el pie, el trozo de pierna, el desgarro de la piel, el hueso roto, el olor a chamuscado… El cuerpo del niño mutilado… Otras veces es el cuerpo partido en dos…
No, no se acaba la guerra cuando llega la rendición o detienen a los promotores o éstos huyen o se llegan a acuerdos… La guerra va más allá de la noticia en la primera página de los periódicos o la cabecera de un telediario…
No es difícil imaginarse la historia.
Y sí, de nuevo, otro artículo más de El Periódico:
Y sembraron de sal los campos
• Las minas son una tragedia que intentamos ignorar quienes vivimos en los idílicos parajes de Europa
JOSEP Borrell
Presidente del Parlamento Europeo
Y sembraron de sal sus campos”. Así se volvían yermas las tierras de los vencidos, como cuentan la Biblia o el Cantar del Mío Cid, para privar de subsistencia a los rebeldes, forzados al exilio. Pero nuestra moderna civilización ha encontrado una manera más eficaz y cruel de esterilizar los campos. En vez de sembrarlos de sal los llenamos de minas. Se plantan como semillas, pero no germinan. Al pisarlas explotan y matan o mutilan a seres indefensos.
Las minas son baratas de usar pero muy caras de eliminar. Colocar una cuesta dos euros, pero hay que invertir 800 para desactivarla. Cada año, entre 15.000 y 20.000 víctimas, la mayoría civiles y en muchos casos niños, sufren las consecuencias de estas mortíferas armas en 82 países. Una víctima cada 20 minutos. Algunos fabricantes de minas usan una publicidad macabra para explicar su eficacia: “Es mejor mutilar al enemigo que matarlo, pues un minusválido tiene un coste económico, social y moral más alto que el de una persona muerta”. Y tienen desgraciadamente razón. El destrozo que hacen es tal que los heridos por minas necesitan el doble de transfusiones de sangre que otros heridos por bala o metralla.
Así, las minas se han convertido en un azote de la humanidad, en una tragedia de la que no somos conscientes los que vivimos en los idílicos campos de Europa. Por eso es bueno que se sepa que la UE se ha comprometido a destinar 140 millones de euros en el 2005-2007 para luchar contra las minas. Y no pensemos que es un problema de lejanas geografías. Cerca de casa, en países candidatos a entrar en la UE, las minas son una triste secuela del pasado reciente. Croacia, por ejemplo, es uno de los más infestados de minas. Se estima que en ese país y en la vecina Bosnia hay un millón de minas, diseminadas en decenas de miles de hectáreas y sin mapas fiables de su posible localización. Erradicarlas es una tarea ingente que la UE ayuda a financiar, al coste de un euro por metro cuadrado.
Días atrás asistí en Petrinja a la firma de un acuerdo para desminar los campos de los pueblos a los que están intentando volver los serbios que fueron expulsados de sus tierras en 1995. Sus casas, más de 200.000, fueron destruidas. Y además la guerra sembró de sal sus campos. Hoy Europa financia la reconstrucción de las casas, pero ¿de qué sirve que vuelvan si no pueden trabajar porque la tierra se ha vuelto una amenaza traidora y mortal? Desde el fin de la guerra, las minas han causado en Croacia 430 muertos y más de 1.500 heridos, aunque afortunadamente para el país las zonas de gran desarrollo turístico están libres de esta amenaza. Ciertamente, el problema es mucho más grave en Colombia, Afganistán, Camboya y el África subsahariana. Entre 300.000 y 400.000 supervivientes, mutilados y en dramáticas condiciones de subsistencia, son la herencia de sus guerras. Desgraciadamente, los fondos para asistirles han descendido los últimos años, en contraste con el aumento de los recursos destinados al desminado.
POR ESO el Europarlamento quiso que su gran hemiciclo fuese el escenario de un acontecimiento inusual en un salón de plenos, un concierto del conocido cantante Juanes, como parte de la campaña europea contra las minas. (Europa y América Latina, juntas por un mundo sin minas. Fíjate bien dónde pisas.). Es conocido el activismo de Juanes. Colombia, su país, es uno de los más afectados. En el 2003 sufrió una víctima diaria, dos en el 2004 y tres en el 2005. Es la primera vez que un artista canta en el hemiciclo del Europarlamento. La iniciativa ha levantado críticas de quienes consideran que un Parlamento no es lugar apropiado para estos actos. ¿Se imaginan un concierto en Westminster o las Cortes Generales? Esos recintos son probablemente demasiado pequeños y cargados de historia. Pero los grandes y modernos hemiciclos de Bruselas o Estrasburgo, donde caben 1.500 personas, no han sido sacralizados por la pátina del tiempo. Pueden, pues, servir de escenario para acontecimientos de repercusión mundial que causan mayor efecto político que tantas resoluciones votadas pero desconocidas.
HAY QUE asociar la capacidad de mediatización del espectáculo con la acción política que se plasma en acuerdos como la Convención de Ottawa, que pocos de los asistentes a ese concierto conocían pero que ahora puede interesarles más. Gracias a esa convención, que desde 1999 prohíbe las minas antipersonas, 69 estados han destruido por completo sus reservas de minas, más de 37 millones. Pero aún en el mundo hay almacenadas unos 180 millones de minas antipersona. 154 países han firmado esa convención y 150 la han ratificado, pero 40 estados siguen al margen de ella, en particular EEUU, China, Rusia, Israel, Pakistán y las Coreas. Curiosamente, tampoco lo ha hecho un país como Finlandia. Polonia lo ha firmado pero no ratificado y los otros 23 países de la UE lo han ratificado.
La UE está, pues, en buena posición, pero debe reforzar su liderazgo a escala mundial. A ello le ha invitado el Parlamento Europeo con diversas resoluciones. Y la Comisión Europea acaba de aprobar el Programa Anual 2006 sobre minas antipersonas, con un presupuesto de 17,5 millones de euros dentro de la acción comunitaria bianual 2005-2007. Los países objetivo para el 2006 son Bosnia, Colombia, Camboya, Georgia, Yemen, Sudán, RD Congo, Burundi, Afganistán y Kosovo. Pero queda muchísimo por hacer. Volviendo a Croacia, sólo el 15% del territorio potencialmente peligroso ha sido rastreado. Imagínense la situación en los otros países y comprenderemos la necesidad de ser un poco heterodoxos y aliar la música y la fama con la seriedad parlamentaria para paliar tanto dolor humano.
April 23, 2006
A la espera de que llegue la tarde y poder pasearme como casi cada año por las Ramblas. Sola, entre libros, con mis sueños a flor de piel y las emociones que me despiertan siempre ver tantas letras impresas y descubrir, quizás, a los escritores que más me fascinan.
Siempre dejo de lado el tema rosas, porque, las rosas, los chicos y el amor, de momento, parece que me dejan de lado. Así que me dedico a pasear mi mirada por una de mis pasiones: la lectura y por uno de mis sueños, el que no me ha abandonado: la escritura…
Esto que sigue es un artículo de el Periódico:
La rosa (roja) de los libros
• La fiesta de Sant Jordi aglutina la cultura sin adornos y las modas del mercado editorial
JUAN RAMÓN Iborra
Periodista. Portavoz de los Premios Internacionales Terenci Moix
Vivimos tratando de comprender por qué lo hacemos. En ese discurrir hay gentes que se ocupan de por vida. Son tipos extraños que tienen una rara costumbre. Piensan, anotan, construyen, dan forma a sus reflexiones a veces desnudas de toda irrealidad, otras envueltas en la metáfora de una ficción. Usando el absurdo galimatías de un alfabeto, esa procesión de hormigas, los escritores son y han sido, desde el comienzo de los tiempos, druidas que dieron con la piedra filosofal, con la cuadratura del círculo, con el huevo de Colón de descubrirnos. A veces, de paso, y no todos, también han conseguido conocerse a sí mismos. De Homero a Joyce, de Aristófanes a Kafka, de Safo a Pirandello, de Dostoiewsky a Camús, de Sakespeare a García Lorca, de Byron a Mailer, de Shakespeare a Valente, De Camoens a Pessoa, de Cervantes a Marsé (¿dejarán los jurados terrenales que esta celestial pareja de hecho por fín consume el acto?) de Víctor Hugo a Sábato (Rulfo, Gelman, Gabo, Roa Bastos…), de Josep Pla a José Saramago.
Releo el parrafo anterior. Uno, ¡cuántos me dejo! Dos, un olvido injusto: Rosalía de Castro, Virginia Wolf, Alfonsina Estorni, las mujeres que, como decía Doris Lessing, “muchas escribíamos en la mesa de la cocina mientras controlábamos el puchero, vigilando de reojo por la ventana los juegos de nuestros hijos pequeños en el jardín”. Tres, la paradoja del recuento. Me pregunto cuántos de estos nombres serían hoy superventas en este día del libro y la rosa, excepción hecha del premio muy popular Nobel portugués.
Uno puede entender que los tiempos evolucionan y cambian (generalmente para mal). Que el libro se ha convertido no sólo en un arma de cultura y que las empresas editoriales son creadas por sus promotores con la sana intención de obtener pingües beneficios. Uno puede asumir que el mercado es lo que es y que la literatura mayor y el ensayo de pensamiento ocupan hoy un pequeño espacio entre opúsculos de autoayuda, mágicas aventuras (¡Ay, Tom Sayer!) de colegios mágicos, misterios templarios, códigos arqueológicos, tramas vaticanas y manuales de cocina. No ocurre sólo aquí, ya estamos acostumbrados. Pero no deja de ser penoso el observar la ferocidad con la que algunas editoriales se han convertido en abductoras de las que en otros tiempos lograban hacer sobrevivir su independencia y su riesgo, pero que saneadas ahora a la sombra de macroempresas librescas, han acabado por convertirse en una pobre caricatura de lo que fueron.
NO QUIERO DECIR
con esto que la literatura comercial sea despreciable. Benditos los folletines por entregas de Galdós y de Dickens, los best sellers de Balzac. Bienaventurado el hecho de que a un autor de notable talento le acompañe, además, el éxito. En otros tiempos, en esta ciudad, en este día de fiesta y de amor en forma de rosa y de lecturas, Terenci Moix solía encabezar los 40 principales con sus libros, los que escribía hacia dentro y con los que se reía hacia afuera. Su muerte, anunciada y prematura, dejó un vacío, se esfumó una enorme cola de buscadores de su dedicatoria, como desapareció un ejemplo de simbiosis entre cultura y pueblo, uno de los más notables que ha dado este país de escritores bilingües. También dejó a sus amigos sin la fiesta que cada noche como la de hoy celebraba en su casa de la calle Muntaner, donde daba la cifra exacta de los libros que había firmado, yendo a la trasera de una moto de caseta en tenderete.
Su nombre resucita en los Premios Internacionales Terenci Moix que se entregan hoy. Estos sólo dependen de la voluntad de los 34 miembros del jurado que lo componen: novelistas, poetas, ensayistas, historiadores, cinéfilos, actores, periodistas, libreros de los de antes y editores independientes que, lejos de pretender con este proyecto un culto a la personalidad de quien tanto sabía de esas cosas mediáticas, ofrece con la ceremonia de entrega de los galardones, que tendrá lugar esta tarde, un broche de cultura sin adornos a un día dedicado a la cultura embolicada. Será por ello que estos premios han nacido con no pocas dificultades y alguna incomprensión. Por una parte, aglutinar Literatura, Cinematografía y Artes Escénicas, los tres palos por los que transcurrió la vida y la obra del escritor barcelonés, ha obligado a crear un complejo diseño de producción apoyado en la apuesta de sus patrocinadores. Por otro lado, tratar de defender en ciertos salones la idea de que no puede haber en estos premios otro interés que no sea señalar la obra de los galardonados, sólo a partir de las decisiones del jurado, sea talento de aquí o de allá, del Este o del Oeste, de una u otra lengua, no ha sido tarea fácil. Y no sólo prima el talento, sino los valores humanos que han de desprender los candidatos por su actitud hacia los problemas de la sociedad que nos rodea.
LO EXPLICARÉ
de otro modo. No hace mucho fui invitado a una comida en que se presentaba un clásico y otrora prestigioso premio literario, dotado hoy de una buena pasta al amparo de un poderoso grupo multieditorial. El fallo del jurado se había producido un par de horas antes. Cuando ocupé mi mesa, sobre el vistoso plato había un cartoncillo que daba cuenta minuciosa de los entresijos del modernísimo menú. Le dí la vuelta y ¡caramba! apareció impreso el nombre de la escritora que había ganado el premio esa misma mañana, junto a la portada del libro en que se iba a convertir en breve esa novela. Entonces me vino a la cabeza aquello de la mujer del César. Y volví a reafirmarme, satisfecho, en que los premios que hoy entregamos tengan la libertad que les confiere, entre otras cosas, su dotación económica de un simple y desolado euro.
April 13, 2006
Voy callando…
porque noto cómo llega una ausencia
y en ella me envuelvo.
Voy callando
porque la espera y el silencio
van de la mano.
Voy callando…
para mirar el paisaje al otro lado
y buscar el respiro.
Voy callando…
April 11, 2006
… Una va buscando sueños. Los sueños olvidados. Los sueños perdidos y eternamente recordados. Sueños viejos. Y sueños nuevos.
Pero, al despertar, se escapan. O esa voz te dice que lograrlos no es tan fácil como cuando dormías… Te miras en el espejo, a tu espejo. Sólo ves tu pasado. Los sueños perdidos. Todo lo que no has vivido. Los fracasos, las frustraciones… Tus lágrimas. Tu soledad. Los recuerdos. Los amigos anclados. Los sentimientos y emociones que añoras… Las risas, las confidencias, las miradas… Los silencios… El sonido lejano de otros mundos: aquéllos que dejaste atrás.
Y ves al conejo blanco al otro lado. Lo ves, mirando el reloj oscilando delante de ti, corre desesperadamente, porque llega tarde. Siempre llega tarde… Se detiene ante ti y sonríe. Se ríe… Los años perdidos… Añoras eso porque te parece tarde. Y el conejo blanco vuelve a correr, tiene demasiada prisa, está impaciente, siempre cree en el fondo que no llegará…
Te recuestas en la cama, cierras los ojos…Es bonito volar. Es bonito ser. Pero el sueño, ¡cuesta tanto hacerlo realidad! Lo intentas, buscando ese sueño, esos sueños.
Sólo el tiempo, el real, el que pasa deprisa y a veces tan lento, el que vivimos, te ofrece la imagen real de ese sueño. El futuro que será presente y, posiblemente, te da más sueño.
Volar, soñar, ser lo que quieras, cómo quieras, cuándo quieras. ¡Es tan fácil!
Vivir, a veces, parece acercarse a la palabra imposible.
Despiertas y de nuevo estás frente al espejo.Te miras. Al otro lado, el conejo blanco te muestra tu reloj, parece amenazarte, observas su movimiento como el de un péndulo, observas cómo sus manecillas se mueven sin cesar, como cada paso hacia delante parece alejarte cada vez más de la vida, de tus sueños, de tus anhelos, deseos, esperanzas… Pero sonríes. Llegarás.
Y una va buscando sueños…
Y caminando por el boulevar de los sueños rotos.
April 8, 2006
Pujo al tren de mitjanit…
Cuando te das cuenta de que la vida avanza y que tú viajas hacia no sabes dónde, mirar por la ventana puede resultar doloroso. Intentas observar con tranquilidad lo que va quedando atrás. Has dicho adiós, dices hola a alguien nuevo, hablas con los que estan alrededor…
Pero el viaje en tren es algo que uno siempre hace solo.
Recuerdo un sueño antiguo: bajaba de un tren y me encontraba en una estación perdida, mirando hacia la vía deseando ver aparecer el siguiente que debía coger. No llegaba. Las horas pasaban y la angustia aumentaba en mi ánimo. Había más gente: conciencia de saber que no era la única persona en estar en esa situación; sin embargo, no era un alivio: yo estaba sola mientras el tren no llegaba. Me imagino ahora la vida en un tren del que no creo que tenga estación de parada; quizá no deba tenerla. En algunos momentos, busco la compañía que ya conozco (cada vez menos, lo sé). En otros momentos, deseo caras nuevos. En muchos momentos, me encuentro sentada en el asiento, sola.
Y, así observo por la ventana cómo cada uno sube a su tren e intenta dirigir su vida.
Des de dalt del tren obres la finestra…
El que et lligava
T’ho has tret del davant…
ho vols intentar i t’ha arribat l’hora
plores, saps que estàs sola…
Tot queda enrera
vas a la ciutat…
Retazos de una canción que me fascina. Siempre se tiene que estar dispuesto a empezar de nuevo. En algún lugar…