September 29, 2006

La loba

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Este es el primer relato de “Mujeres que corren con los lobos”. El libro se presenta como un aprendizaje para intentar descubrir a la mujer que todas llevamos dentro. Puedes creer que es uno más de tantos libros en el que a través de cuentos se produce una especie de autoayuda. Posiblemente, sólo nos estén diciendo que deberíamos reflexionar y escucharnos, cosa bastante difícil. Al reescribir este relato, iba calmando el alma que notaba bastante por los suelos.

Hay una vieja que vive en un escondirjo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto. Como en los cuentos de hadas de la Europa del este, la vieja espera que los que se han extraviado, los caminantes y los buscadores acudan a verla.
Es circunspecta, a menudo peluda y siempre gorda, y, por encima de todo, desea evitar cualquier clase de compañía. Cacarea como las gallinas, canta como las aves y por regla general emite más sonidos animales que humanos.
Podría decir que vive entre las desgastadas laderas de granito del territorio indio de tarahumara. O que está enterrada en las afueras de Phoenix en las inmediaciones de un pozo. Quizá la podríamos ver viajando al sur hacia Monte Albán en un viejo cacharro con el cristal trasero roto por un disparo. O esperando al borde la autovía cerca de El Paso o desplazándose con unos caminoeros a Morelia, México, o dirigiéndose al mercado de Oaxaca, cargada con unos haces de leña integrados por ramas de extrañas formas. Se la conoce con distintos nombres: La Huesera, La Trapera y La Loba.
La única tarea de La Loba consiste en recoger huesos. Recoge y conserva sobre todo lo que corre peligro de perderse. Su cueva está llena de huesos de todsas las criaturas del desierto: venados, serpientes de cascabel, cuervos. Pero su especialidad son los lobos.
Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobo y, cuando ha juntado un esqueleto entero, cuando el último hueso está en su sitio y tiene ante sus ojos la hermosa escultura blanca de la criatura, se sienta junto al fuego y piensa qué canción va a cantar.
Cuando ya lo ha decidido, se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. Entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne y a la criatura le crece el pelo. La Loba canta un poco más y la criatura cobra vida y su fuerte y peluda cola se curva hacia arriba.
La Loba sigue cantando y la criatura lobuna empieza a respirar.
La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo cañón abajo.
En algún momento de su carrera, debido a la velocidad o a su chapoeteo en el agua del arroyo que está cruzando, a un rayo de sol o a un rayo de luna que le ilumina directamente el costado, el lobo se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas.
Recuerda que, si te adentras en el desierto y está a punto de ponerse el sol y quizá te has extraviado un poquito y te sientes cansada, estás de suerte, pues bien pudiera ser que le cayeras en gracia a La Loba y ella te enseñara una cosa… una cosa del alma.

Si me dices que espere

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Si me dices que espere,
esperaré
Si necesitas tiempo, un espacio
lo tendrás
Si tu paso es lento,
te seguiré
Si quieres hablar,
te escucharé
Si necesitas silencios
me callaré

Pero quiero encontrarte
quiero saber que estás
que aún en la distancia
estás,
estoy.

Y que al final,
sentiré
y tus besos, tu cuerpo, tu alma
estará presente

A veces viene la tristeza - J.M. Valente

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A veces viene
desde la tierra misma la tristeza,
viene desde el amor,
desde la ausencia del amor,
desde la piedra o el vegetal al hombre.
A veces está ahí oscura o despedida
por un pecho inocente.
A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío,
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.
A veces viene la tristeza.
A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.
A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da, pero no puede
vivir.
A veces viene.
Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento y amor.

September 26, 2006

Lost

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Cuando aún crees en los cuentos de hadas, piensas que algún día aparecerá un príncipe azul en un caballo blanco dispuesto a rescatarte. Pero hace tiempo que descubrí que los cuentos de hadas son simplemente eso: cuentos. Y yo no soy una princesa…
Hay historias de película que hablan de amores imposibles, de sueños que se rompen ante el amargo golpe de la realidad. No hay nada peor que caerse de la cama, cuando estás en el mejor de los sueños.

No, no soy una princesa. No soy la princesa de “Vacaciones en Roma”: no soy Audrey Hepburn, ni él es Gregory Peck.

Pero la realidad es la misma. Tras unos día lejos, en Roma, la ciudad eterna, volvimos con el sabor de saber que hay una vida que nos separa.
Y aquí estoy, con la mirada perdida y el dolor del recuerdo y la certeza de la realidad. ‘Lost in traslation’ porque no entiendo, me siento incapaz de traducir esta historia quizás porque sólo los momentos, las imágenes, los silencios lo narran todo. Simple y difícil.
Nunca hasta ahora había tenido la sensación de saberme cerca, saberlo cerca y estar lejos, sin embargo.

El tiempo pasará y lo que quedará será una sombra. Sombras…

September 15, 2006

Para levantar sonrisas…

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Para levantar sonrisas no hace falta demasiado esfuerzo. Sólo tienes que encontrarte frente a frente con un niño. Son esos seres diminutos capaces de sacar lo mejor de uno. Capaces de sacar lo que escondes a los demás. Sólo la carita de mi sobrino, sólo sus ojitos a través de la ventana de la habitación donde volvería a dormirse es capaz de recordarme la ternura que guardo dentro. Sólo los niños a los que volveré a ver la semana que viene, de nuevo aportando algo a un mundo más solidario, abierto, tolerante, acogedor, fusión de todo lo que somos en este planeta… sólo esos locos bajitos son quienes consiguen que el alma se asome a través de una sonrisa.

Había días en que M. cogía el metro con más sueño y pocas ganas y días en que el ánimo parecía poseerla. Aquella mañana era una de esas en que sentía que le habían faltado horas para seguir durmiendo. La noche anterior se quedó hasta tarde viendo una de sus películas favoritas y le había costado levantarse y aún no conseguía dominar todos sus sentidos.
Se sentía zombie entrando en el vagón y buscando un asiento. El bolso se le hacía excesivamente pesado y no le apetecía leer el libro que mantenía en sus manos. Sabía que las letras bailarían delante de sus ojos sin centrarse y no le permitirían entender ni una palabra.
Se sentó sin ganas de distraerse, intentando no cerrar los ojos y deseando que el día no le fuera demasiado pesado. Sólo pensaba en la primera taza de café que se tomaría al llegar a su trabajo.

Notó de repente una mirada sobre ella. Antes, aunque lo reconoció después, una risa traviesa le había advertido. Echó un vistazo, ligeramente, y sí, él la estaba mirando. Debió haber cerrado los ojos en algún momento o haría algún gesto que delatara su estado somnoliento. O quizás él mostraba una curiosidad innata. Pero la miraba.
Lo curioso es que el hecho de que ella levantara un poco la cabeza, le mirara y volviera a agacharla levantó algunas risas más en él. Volvió a mirarle: no le quitaba ojo de encima; M. volvió a agachar la cabeza: nuevas risas.
Entonces, ella le miró y sonrió. Y en ese momento, la sonrisa que desde enfrente suyo recibió fue la más limpia, sincera y bella de las que nunca había encontrado.
Fue entonces cuando él jugó a no mirarle y ella le buscaba. Se encontraban y reían. Poco a poco, fueron ganando confianza. Él decidió que quería que M. fuera su compañera de juegos allí, dentro de ese espacio tan reducido. Hubo un momento en que bostezaron a la vez y se rieron. Él le hizo partícipe de sus tesoros; le dio uno: jugaron a que ella lo hacía desaparecer y él se sorprendía. Luego, la maga M. volvía a hacerlo aparecer. Él intentaba explicarle la historia de ese objeto…

Llegaba a su parada. M. se despidió y él le lanzó un beso con su manita y le dijo adiós. Mientras se acababa de ir el metro, el niño le seguía diciendo adiós. Tardó unas horas en acordarse del café y olvidar su sonrisa.

September 5, 2006

El dibujo

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A punto de empezar cosas nuevas… Algo nuevo que siempre es una continuación, pero con nuevas ilusiones. Y, a punto, muy a punto de que empiece una nueva vida: mi primer sobrino.

El niño abrió el cajón y sacó el dibujo. Miró al viejo interrogándolo y mostrándoselo a la vez.

Esto es muy antiguo. Tiene muchos años.

El niño miraba atentamente lo que estaba dibujado mientras tocaba el papel, incrédulo. Todo permanecía como si hubiera sido acabado de hacer. El papel estaba blanco, blanquísimo, no había perdido color, no estaba amarillo, ni arrugado, ni roto, ni comido por los bichos a los que tanto gustaba el papel. Y los trazos negros se mantenían brillantes, resaltando sobre la superficie. Pasó sus dedos una y otra vez, repasando las negras líneas. El viejo lo miraba con cierta ternura.

No han pasado los años, no. Sigue como si acabara de hacerse. Quedátelo. Es tuyo. Te lo regalo.

El niño miró la sonrisa arrugada del viejo. Volvió a mirar el dibujo, esta vez con una expresión algo ceñuda.

No me gusta. Es muy feo.

El viejo cogió una caja de madera de un estante y la abrió ante el niño, encima de la mesa algo llena de polvo, apartando unos cuantos trastos.

Seguramente, el niño que lo dibujó era tan pobre que no tenía colores. Puedes pintarlo. Será más bonito.

Y el niño miraba admirado la caja inmensa llena de muchos colores, tantos que no sabía el nombre de algunos, y miraba a la vez al viejo. Le sonrió, por primera vez, desde que entró en aquél pequeño y oscuro lugar, en aquél sitio que parecía esconder miles de secretos y tesoros entre tantos trastos. Se sentó, cogió un color y empezó a pintar…

Cuando acabó, miró a su alrededor. Absorto cómo estaba, concentrado en no salirse de la raya, en marcar bien los diferentes colores, pensando siempre cuál sería el siguiente color a elegir, tardando en decidirse, el tiempo había pasado volando y no había sido consciente de dónde se encontraba ni con quién. Miró alrededor intentando descubrir al viejo. Finalmente, lo vio, en un sillón ya muy gastado, tras una luz tenue de una oxidada lámpara mirando a la pared y feliz. Lo vio feliz. Entonces, el anciano abriendo aún más su sonrisa le miró.

¿Ya has acabado? ¿Puedo verlo?

El niño asintió con la cabeza. Mientras esperaba a que se acercara el hombre, se notaba nervioso. Tenía miedo de que al viejo no le gustara, de que se enfadara por haber usado demasiados colores, que se riera. Pero el viejo lo mantuvo entre sus manos y lo miraba muy concentrado.

Es precioso. Ahora sí que es un dibujo bonito. Es lo que le hacía falta. Quedátelo.

El niño negó con la cabeza. Abrió el cajón de donde lo había sacado sin vida.

Aquí estará bien. Se mantendrá para siempre.

El viejo le acarició la cabeza cariñosamente. Sabía que el niño tenía razón. Allí, los colores se mantendrían intactos. Allí se mezclarían. Allí llenarían y seguirían llenando de vida lo que antes sólo habían sido unos tristes trazos negros en fondo blanco, un vacío sin fondo, una monotonía eterna…

September 2, 2006

Va lento

Filed under: Yo, mi me conmigo

He usado los diversos blogs por los que he transitado para hablar del día a día y de mi aprendizaje en cuanto a relaciones con los chicos. De los sí pero no que han habido. De mi sueños e ilusiones. De mis decepciones. De mis errores. Han sido cuatro años de todo tipo de vivencias y experiencias. Empecé este blog cuando acababa una corta relación, de nuevo frustrante.
Voy a intentar mantener un poco al margen aspectos íntimos y sentimentales, para no llenar palabras con las diferentes emociones que voy sintiendo. A veces, mucho suena a vacío.

No voy a decir que hay alguien en mi vida. Lo hay, sí, pero no como a mí me gustaría.
Hay un amigo.
Aunque casi no me atrevo a calificarlo así. Sólo vamos camino de los cinco meses. A ratos me parece mucho tiempo. Si lo pienso seriamente, en realidad es poco tiempo.
Vivo lo que me da, los momentos. Viví nuestro viaje. He vivido una ausencia de semanas. Espero que llegue la semana que viene para vivir nuestro reencuentro.
Y no puedo vivir nada más.
A esta princesa le contaron muchos cuentos. Y creció creyendo que existía el príncipe azul: hasta que se dio cuenta de que no.
Esta princesa no busca príncipes. Y ha conocido hombres ¿complejos? ¿raros? ¿complicados?… no sé porqué el mito nos lo llevamos siempre las mujeres.

Hablo de esta relación con quién tengo confianza: mis amigas del trabajo. Ayer, una de ellas, me lo dijo: “Va lento”.

Y sí, va lento. Y yo estoy aprendiendo a tener paciencia. No sé si me llevaré algo más. Algo bonito, seguro, porque lo es.

Y paciencia, mucha paciencia.

Mujer blanca soltera busca…

Filed under: Yo, mi me conmigo

Cuando mis padres eran jóvenes (seguro que en época de mis abuelos también) la única posibilidad que parecía existir de irse de casa de los padres era casarse.
Aunque nunca pensé mucho en ello, hace unos años, con mis 16 o mis 20 existía la posibilidad de independizarte, vivir sola/o.
Ahora, con mis 34 años, prácticamente sólo tienes una forma de independizarte: compartir piso ya sea con una pareja (si la tienes) o con algún amigo/a (tampoco es fácil siempre). O eso, o te mueres de hambre mientras eso sí pagas la hipoteca de un piso que sólo será tuyo en 30 años (en el mejor de los casos) o 40 (ahí ya entraría en la jubilación).

Estoy a punto de empezar esa odisea. Y no sé si acabaré desencantada. O hipotecada hasta las cejas, porque hoy en día ya no te quedas con el agua al cuello.

Creo que en la Constitución (esa de la que tanto se oye hablar por aquí en los últimos años/meses) hay un artículo que dice que “todos tenemos derecho a una vivienda digna”… puede que se equivocaran de frase: “los bancos tienen derecho a una hipoteca digna”.