Puede resultar desalentador, en serio. Puede resultar el empecinamiento de algunos en mostrar una fuerza frente a la razón. Es desesperante que a estas alturas, en este siglo, siga habiendo quien sólo puede vivir con y para la violencia. Y sin sentido. Porque no tiene sentido. Creo que tengo oportunidades y muchas ventajas, creo que gozo de una cierta libertad… siempre lo pensaré: si nos miraramos menos el ombligo y miraramos más al mundo… en serio: ¿de verdad importa tanto vivir en una zona más o menos independiente de un estado? Personalmente, me importa muchísimo más mirar a mundos en que al despertar no lo hacen en una mullida cama, con el despertador sonando, no pueden ponerse bajo la ducha, bajo el agua tibia, abrir la nevera, beber leche y escoger entre diferentes alimentos, tener todo al alcance de la mano… Las cosas básicas no son importantes para nosotros: las cosas básicas supone la frontera entre la vida y la muerte en otras zonas. Y llegar a la noche. Y sobrevivir a la noche. Y saber que no has muerto un día más…
Mientras sigamos mirándonos el ombligo habrá hambre, guerras, muerte… habrá violencia inútil e innecesaria… seguirá pasando lo que volvemos a revivir hoy, un mal broche para el año que se acaba. Ya no se anda más.
30 de diciembre de 2006
De nuevo, un año más

Un brindis por los que no están,
un brindis por los que siguen,
un brindis por los nuevos,
un brindis por los que están lejos,
un brindis por los cercanos…
Se unen las copas y el tintineo recorre el aire llevando
sonrisas y esperanzas…
Brindemos por los deseos.
Brindemos por lo mejor.
¡Feliz Navidad!

Brindemos también para que:
no haya hambre, haya paz, seamos solidarios, entendamos a los diferentes, demos sonrisas y nunca malas caras, aceptemos, nos adaptemos a lo nuevo, seamos hormigas, pongamos un granito de arena en conseguir algo mejor, alguien mejor, un pensamiento mejor, una actitud mejor.
Brindo por aquellos que lejos o cerca intentan con su labor hacer algo por los demás, aportar un sentido a la vida de quien parece destinado a no tener objetivos, dar esperanza y valores y calor.
*SABADO 23 DE DICIEMBRE A LAS 17:00 HORAS**,
EN TODA ESPAÑA
Y aún el sueldo que se refleja es de los mejores…
Forges, EL PAíS, 2/5/2006 :*
La nomina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella. Decidió no arriesgar y continuar viviendo en regime de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 m2.
Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75 m2 a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.
En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades de un peón de obra 38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000 Ptas.
El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales.
En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 anualidades!!!) De un ingeniero informático. 200.000 pts/mes x 175 meses =
35.000.000 Pts.
Las jovenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.
2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de Pts.
Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en
1979 200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 Pts.
No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi padre consideró arriesgado en 1979.
Esta¡ claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones.
Tambien esta¡ claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga.
Lo primero que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para comprar
una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020. Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo.
Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrá¡ evitar lo siguiente:
1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el periodo a 35 - 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura.
El dictador no se llama Francisco Franco o Fidel Castro sino La Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, “la banca”. Ni siquiera tendrás la libertad de decir
lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.
2) La otra solucion es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situacion no es distinta a 1).
Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven que su problema es que no ahorra, eso fue valido para ti en 1979, incluso era valido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006, en 2006 solo consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho.
El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era esteril (podían obtener una vivienda de propiedad en un periodo de 5 años).
El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, solo llega para quizás¡ reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo.
La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que si necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera… yo no los compraría… pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque todos necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jovenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir”.
Forges, EL PAÍS, 2/5/2006