
Detrás del gran telón rojo cerrado, a pesar de que si la mirada vería a su espalda las butacas vacías, el decorado mantiene aún el calor de los cuerpos que durante un tiempo les han dado vida, forma y color.
Los ojos sólo ven ese gran fondo rojo, pesado y colgante, con sus pliegues. Los oídos reciben el eco de las paredes, que guardan aplausos, risas, emociones contenidas, palabras grandilocuentes, pasos, comentarios…
Todo ha callado ya… Va quedando atrás el momento dejando la sensación de que ha sido eterno. Despierta sabiendo que apenas ha sido un instante.
Y allí el telón.
Silencio.
Puede que se abra lentamente. Y tras él espera, de nuevo, la vida.
Silencio.
