
Ayer llegó el frío. Disfrutando de una tarde agradable y tranquila. Estrenando cosas nuevas que dan un aire diferente a la que durante meses fue una fría habitación. Una pequeña estantería para dar cobijo a los libros que durante meses me acompañarán en la aventura de volver a estudiar. Una pequeña mesa para poder colocar cosas, un puzzle de los dos que quiero volver a hacer. Preparándome para tardes de estudio y lectura.
Con uno de los libros, mientras iba leyendo, empecé a notar el aire que se filtraba por la ventana: el viento soplaba fuerte afuera. Persianas bajadas, luz encendida, sentada sobre la cama, apoyada en un gran cojín y cubierta por una cálida manta.
Sí, de repente, pareció llegar el invierno. E imagino que no me abandonará hasta dentro de unos meses. Recuperé la pequeña estufa y la encendí, al fin, rendida ante mi cuerpo tiritando. Recuperé también después de cenar mientras hacía zapping aburrida una de mis dos chaquetas polares.
Ha quedado inaugurado oficialmente el invierno entre mis huesos. Porque es ahí donde se instala el frío y donde permanece hasta la primavera.
Es posible que haya quien ya conozca este discurso. Para escuchar, opinar, pensar.
Lección magistral (1)
Lección magistral (2)
Presidía el bombín de Sabina sobre un taburete, en el centro del escenario. A Serrat le faltó aparecer con el bastón de gentleman, pero no le hacía falta porque su presencia ya delataba quién era quién en el fabuloso espectáculo que ofrecieron ayer. Uno podría ser el hombre cabal, sensato, fiel, pinta de marido ideal; el otro es el granuja, mujeriego y juerguista con el que nunca nadie se debería casar, pero con el que soñamos en secreto y quizás no tan en secreto.
Espectáculo, grandes canciones, momentos románticos y los guiños que se hicieron durante casi tres horas el uno al otro. Dos amigos, dos primos encima de un escenario y abrazados por el calor de miles de personas que llenaron un estadio casi imposible de llenar a esa cantidad.

Gozada por poder matar dos pájaros de un tiro y disfrutar de diferentes formas de cantar y crear canciones. Disfrutar de dos poetas en vivo, de los buenos que quedan, de los de toda la vida y capaces de hacer emocionar y vibrar a gente de 60, 40, 30 o 20 años. ¿Quién discute a cualquiera de ellos? Maestros y monstruos sobre el escenario. Y al final, después de emocionantes bises, te quedas ahí queriendo más y más, toda la noche y todas las canciones. Que me faltaron pero estuvieron las que tenían que estar. Los iconos de cada uno: ‘Y sin embargo’… me he ido muchas veces por los tejados como un gato sin dueño… ‘La del pirata cojo’ ‘Noches de boda’ ‘Paraules d’amor’ ‘Cantares’ y cómo no, una de las mejores canciones escritas: ‘Mediterráneo’ que, a pesar de Sabina, sí, indiscutiblemente es sólo de Serrat.
Para quitarse el sombrero, hacer una reverencia y exclamar: ‘¡chapó!’